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  VISITA A MEDIA NOCHE Germán se despertó cuando la última luz de la tarde desaparecía entre los barrotes que cerraban la entrada de su escondrijo. Casi dormido, le costó recordar donde se encontraba y, al estirarse, por poco se abrió la cabeza con la bóveda de hormigón del techo, a 60 cm. escasos por encima de él. Le dolía todo el cuerpo, el duro suelo de tierra que había sido su cama estaba húmedo y se había quedado frío durante la larga siesta. Miró su reloj. Había dormido casi 12 horas y la oscuridad, que ya se estaba apoderando de aquel hueco bajo su casa, aún se hacía más profunda tras el ancho pilar donde se había escondido a esperar la llegada de la noche. Oculto allí, sin embargo, podía ver en su totalidad el espacio de la cámara de ventilación y también el estrecho pozo vertical por el que había entrado. Nada había cambiado desde aquella mañana: Seguían igual el charco, las hojas secas que puso junto a la entrada, las paredes de hormigón rugoso y gris, el ...